Lecturas para tiempos de confinamiento

23 / 04 / 2020 Lo más visto

Clásicos, contemporáneos, novela negra, ensayo… Aquí va una selección de más de 10 títulos a los que acercarse o volver a leer durante la cuarentena para evitar la propagación del coronavirus.

lecturas para el confinamiento rga segurosLa lectura es siempre una actividad saludable, entretenida e instructiva y, ahora que estamos obligados a permanecer confinados en casa mientras dure la crisis sanitaria del coronavirus, puede ser además un pasatiempo estupendo.

Es el de los libros un mundo tan amplio que aconsejar qué leer se antoja una tarea complicada. Por cada referencia que se recomiende, habrá otras mil que se olviden. No obstante, nos permitimos la licencia de dar desde aquí algunas pistas de lecturas para el confinamiento.

Clásicos con mayúsculas

Con tiempo libre por delante, a lo mejor es el momento de que se saque por fin de la estantería el volumen abandonado de un clásico entre los clásicos como Don Quijote de la Mancha, la joya inmortal de Miguel de Cervantes, al que algunos tienen miedo de antemano por ser voluminoso y estar escrito en el castellano de hace cientos de años, pero que, una vez entre las manos, re revela como un libro muy ameno y lleno de sabiduría.

Llama y mucho la atención la vigencia de las reflexiones del hidalgo y su escudero pese a que se editaron a principios del siglo XVII. Debe ser porque hay más cosas inmutables de las que nos creemos.

Guerra y Paz, de León Tolstói, también puede servir para ocupar muchas tardes de ocio y de paso para descubrir, entre otras muchas cosas, de dónde viene la expresión despedirse a la francesa.

Cualquier cosa de William Shakespeare es también recomendable si se le pierde el miedo a su aureola de erudito: en realidad, el inglés escribió sobre todo obras de teatro cortas, fáciles de leer y, sobre todo, muy enriquecedoras. ¿Qué tal acercarse a él con Hamlet?

Detectives, policías, ladrones… Todo muy negro

Pero si usted no tiene el cuerpo para clásicos, le quedan muchísimas alternativas. Muchísima gente es aficionada al género de detectives, a la novela policiaca, a la que también llaman novela negra. Nada que reprochar, por supuesto, sino todo lo contrario.

Un buen libro de ese estilo es algo que te atrapa en la primera línea y no te deja hasta la última. Para que eso suceda, hay que dar con buenos autores, y por suerte no faltan.

Apuesta seguras en ese terreno es el contemporáneo Henning Mankell, autor de la famosa saga que tiene como protagonista a Kurt Wallanger. Las novelas de Mankell se sitúan en las frías tierras escandinavas y ese paisaje contagia en cierto modo su escritura y al policía que se encarga de resolver los crímenes, un policía que rompe con el estereotipo tan trillado en el género y con el que al final el lector se encariña, más que por su sagacidad y su capacidad para resolver conflictos, por ser una persona imperfecta, con sus luces y sombras, con quien nos podemos identificar más fácilmente que con un superhéroe inalcanzable.

Recomendar sólo uno suyo es complicado, pero para iniciarse en la saga, estará bien empezar por el principio: lean por tanto Asesinos sin rostro.

También de ahora es Pierre Lemaitre, otro escritor que rompe con la ortodoxia y presenta con admirable destreza a unos personajes cercanos y creíbles. Destaca además por su impresionante ritmo narrativo, por la ambientación del entorno y por saber sacarse de la manga en el momento oportuno giros argumentales sorprendentes. Libro aconsejado: Recursos inhumanos.

Vamos a echar unas risas

Si además de evadirse con la lectura, lo cual siempre está bien, se pretende echar unas risas, cosa también muy aconsejable y que puede ayudar a levantar la moral en tiempos difíciles, las opciones son también infinitas. Porque hay humores para todos los gustos.

Los hay que mueren con el inglés, y en ese caso es indispensable que lean al maestro de maestros, P.G. Wodehouse, escritor ciertamente prolífico, con más de un centenar de libros publicados, que retrató con finísima ironía la Inglaterra de las primeras décadas del siglo pasado y, especialmente, la llamada clase ociosa, nobles las más de las veces venidos a menos pero aún con ínfulas que viven en mansiones suntuosas donde esconden sus miserias.

De su exquisita pluma salieron personajes inolvidables como Bertie Wooster, señorito de excelsa educación y trato agradable, aunque no muy sobrado de luces, a quien tiene que sacar de un sinfín de apuros su fiel Jeeves, el mayordomo ideal, que por supuesto es mil veces más inteligente que él. Debe ser, como dice su señor, porque come mucho pescado.

Cualquier libro de Wodehouse merece la pena y para entrar en su particular universo serviría cualquiera, pero ya que mencionamos al ayuda de cámara más valioso de la tierra, ahí va este título: El inimitable Jeeves.

El detective sin nombre de Mendoza

Claro que, sin salir de España, hay escritores buenos y que, aunque muchas veces se han puesto serios, son perfectamente capaces de hacernos reír a mandíbula batiente. Ahí está el caso de Eduardo Mendoza, que a finales de los setenta se inventó a un personaje tan imposible que ni siquiera le dio nombre, pero que protagonizó un par de novelas dignas de figurar en cualquier antología de la literatura humorística.

Ese detective sin nombre volvió a verse plasmado en otros tres libros con posterioridad, pero entre su primera etapa de esplendor y ese retorno, Mendoza también encontró otros muchos motivos y personajes para hacer humor por escrito. Y con un estilo extraordinario, además. Hay varias muestras de ello y posiblemente la más brillante se llama Sin noticias de Gurb, la descacharrante búsqueda de un extraterrestre que anda perdido y que tiene la facultad de adoptar la forma de quienes se encuentra en su camino, como la cantante Marta Sánchez, por ejemplo.

Un ensayo ejemplar

Puede que en estos precisos momentos uno ande buscando algo más introspectivo. En ese caso, se puede incluir entre las recomendaciones de lecturas para el confinamiento el ensayo Sapiens, escrito recientemente por Yuval Harari.

Muchos arrugan la nariz cuando se les habla de un best seller, pero en este caso no hay nada que temer porque está ante un libro escrito con pericia y con recursos, y que además es ameno y contiene información muy valiosa.

Su argumento es tan simple y tan complicado como esto: es un resumen de la historia del hombre en nuestro planeta. De forma desmitificadora, sin complejos, bien documentada y mejor argumentada.

Si además Sapiens nos sirve para que dejemos de creernos de una vez el centro del Universo y para que pongamos lo que esté en nuestra mano para mitigar el impacto negativo que ejercemos sobre el planeta, entonces este clásico moderno habrá cumplido un segundo objetivo.

Dos libros de héroes solitarios

Sin salirse del todo de ese terreno de la introspección, sumamos a la lista dos libros que cuentan historias absolutamente reales de personas que supieron sobrevivir en momentos y circunstancias muy adversas, para los que, valga la broma, un confinamiento con supermercados abiertos como éste sería un juego de niños.

Uno se llama Solo y su autor es Richard E. Byrd, piloto que se hizo célebre por sus vuelos sobre los dos polos y que aquí narra los seis meses que pasó absolutamente aislado en la Antártida. Todo un manual de supervivencia.

También fue meritorio lo de Charles Lindbergh, la primera persona que hizo un vuelo transoceánico sin escalas. El estadounidense cuenta las peripecias que vivió como único ocupante del avión que le llevó desde Nueva York hasta París. El libro se llama como el aeroplano, El espíritu de St. Louis, y hay una estupenda adaptación del mismo al cine. La película la protagonizó James Stewart. Casi en solitario, como es normal.

Historia reciente con final feliz

Aventuras, poesía, deportes, terror… ¡Hay tantos géneros que recomendar como lecturas para el confinamiento! El mundo de la literatura es inabarcable. Por algún sitio habrá que darle fin a esta entrada y puede que sea buena idea recordando un título bastante actual. Patria, de Fernando Aramburu, ofrece una visión interesante de un conflicto que por suerte cada vez se aleja más, el del terrorismo de ETA.

El autor se acerca a esos años de plomo, miedo y odio y narra con pulso firme y buen verbo la historia de una de tantas familias que vivieron el conflicto en sus carnes. Dibuja con acierto personajes de uno y otro bando, no comete el error de hacerlo desde la equidistancia, refleja lo difícil que fue la convivencia, el sufrimiento que ese periodo acarreó en todo un pueblo y, lo más positivo, deja la sensación de que aquello quedó atrás y que no sólo es posible sino imprescindible construir un nuevo futuro.

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