Historias de padres 10
“Inolvidables cosquillas infinitas con las que terminamos llorando de risa. Hoy día lo hace con mis hijas. Él ha sido nuestro mejor amigo y nuestro primer gran amor. Nos hizo ver que los superhéroes existen y están en casa. Nos limpió las lágrimas y nos hizo volar en cada avioncito que le pedíamos”.
Es lo que ha contestado Silvia, una de las más de cien personas que ha tenido el detalle de contestar a nuestra pregunta por el concurso del Día del Padre. Queríamos que los hijos comentaran algunos de los mejores planes que han compartido y qué han significado para ellos. Las respuestas han llegado cargadas de ternura y nostalgia, sobre todo cuando han evocado la figura de quien ya no está con ellos.
La figura del padre
Dicen, y dicen con razón, que la experiencia de ser madre es inigualable. Ver crecer día a día lo que se ha llevado dentro nueve meses tiene mucho de magia y está claro que una madre no cambiaría a su hijo o a su hija por nada.
Pero a los padres también les cambia la vida, para mejor, cuando adquieren esa condición. Aprenden, como las madres, qué es el amor incondicional, el que sobrevivirá a todas las circunstancias. Y conforme esa criatura vaya creciendo y observe que ese cariño es bidireccional, se sentirá de lo más orgulloso.
Así debe sentirse el padre de Bea: “Nunca se me olvidará cuando éramos pequeñas mi hermana y yo y fue el día de Reyes. De repente, llamaron a la puerta de nuestra habitación y eran los reyes magos trayéndonos regalos antes de acostar. Recuerdo ver la cara de mi padre asomándose a la puerta y haciéndose el sorprendido”.
Amor correspondido
Porque los padres hacen muchas cosas así cuando sus niños son pequeños. Se sorprenden al ver a los reyes magos trayendo los regalos aun sabiendo que ahí detrás hay algo de truco. Se dejan la espalda simulando ser un caballito y transportándolos por el pasillo. Cuentan o inventan cuentos para ayudarles a dormir o, como a Silvia, los tranquilizan cuando le decían que tenían miedo a los monstruos que, aseguraban, estaban escondidos en su cuarto. No había ningún monstruo, si acaso el de las cosquillas. Y ponerlo a trabajar es otra de sus funciones.
Los niños crecen, cambian y obligan a los padres a cambiar a su vez. Ellos ya no sólo aprenden, sino que también enseñan. Y esa doble tarea de docente y alumno es gratrificante para unos y otros.
Lo cuenta Rut: “He compartido (con él) rutas por España, visitas a los lugares más bonitos y recónditos, a los pueblos más curiosos. Mi padre nos contaba con todo detalle la historia de la casa, nos relataba cómo vivían en cada época y cómo se construyó cada edificio. Recuerdo cada pequeña escapada que hemos realizado y me encantaba escucharle. Ahora soy yo la que les relato a mis hijos las historias de los lugares que visitamos. Eso sí, preguntando a mi padre algunos detalles curiosos”.
Cambian los papeles
Conforme crecemos, y sobre todo cuando envejecemos, vamos viviendo cada vez más rodeados de recuerdos. Se nos quedan los malos y también los buenos. Los hijos, tarde o temprano, deben acostumbrarse a que sus padres les terminan por dejar. Pero siempre que quede uno de los dos, saben que pueden contar con ellos.

Es, desde luego, lo que opina Ana M: “Dado que mi madre, desgraciadamente, falleció cuando yo era muy pequeña, todos los momentos importantes los he compartido con mi padre, y eso abarca desde cuando me llevaba a las funciones de ballet y me arreglaba como buenamente podía entre bambalinas, a acompañarme a comprar mi primer sujetador, que lo pasó el hombre muy mal, jajajaja. Le encanta acompañarme a comprarme ropa, coquetea con las dependientas y me sigue diciendo lo mismo que de adolescente (“con eso no vas a ligar naaa”) aunque ya esté casada, jajajaja…”
Recuerdos para siempre
Con todo, a lo mejor que puede aspirar un padre es a dejar un recuerdo imperecedero en sus hijos. Si lo consigue, misión cumplida. Por lo mismo, una de las mejores cosas a las que puede aspirar un hijo es a despedirse de su padre y de su madre como es debido. Es duro, con seguridad lo es, pero con la distancia verá que mereció la pena. Lo dice Isabel: “El mejor plan que compartí con mi padre fue el último mes de vida que tuvo, que estuvo en mi casa y pude despedirme de él”.
Feliz Día del Padre
Por esas cosas y por muchas más es una buena idea celebrar el Día del Padre, algo que en España ocurre cada 19 de marzo; como en Portugal, Italia o Bolivia. En Rusia se conmemora el 23 de febrero y en muchos países, el tercer domingo de junio.
Es una fiesta relativamente reciente, que no tiene ni un siglo de vida, pero no se le deben cerrar las puertas a las nuevas celebraciones, sobre todo si son por un buen motivo. Si viene acompañada de algún regalo, mejor que mejor.
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